domingo, 26 de agosto de 2018

                                                      SECUELAS (Parte 2)

20. Patrón de víctima (te victimizas a ti misma después de haber sido victimizada por otra/s persona/s), especialmente en la actividad sexual; falta de sensación de tu propio poder; falta de reconocimiento de tu derecho a fijar límites o a decir “no”; patrón de relaciones con personas mucho mayores que tú (a partir de tu adolescencia), o bien un extremado sentido de propiedad; revictimización a manos de otras personas (violencia sexual en la vida adulta, incluyendo explotación sexual proveniente de jefes o profesionales que “ayudan”).


Creo que hasta hace muy poco no era consciente ni siquiera de tener poder. Yo era una muñeca con la que se podía hacer lo que se quisiera, porque nunca iba a fijar límites ni a decir que no. Me sentía demasiado poca cosa para eso, lo cual me llevó a sufrir revictimización a manos de otras personas, aunque no sólo de tipo sexual. Por ejemplo, también la sufría en el trabajo o en mis relaciones diarias. 

21. Necesidad de “producir para ser amada”, de instintivamente saber y hacer lo que otra persona necesita o quiere; para ti, las relaciones implican un trueque (el “amor” te fue arrebatado, no dado).


Al 100%. Durante años sentía que tenía que comprar el cariño de los demás porque no lo merecía, así que procuraba complacer en todo a las personas que me rodeaban para que no se cansasen de mí, lo cual va ligado a la siguiente secuela. 

22. Problemas de abandono; deseo de relaciones en las cuales no hay separación o una distancia saludable; evasión o temor a la intimidad.


De niña soñaba a veces que mi madre me abandonaba, y de adulta siempre he tenido miedo de que mis seres queridos se apartaran de mí en cuanto me conocieran mejor. Como ya he dicho, pensaba que después de un tiempo de estar en mi vida se cansarían o aburrirían y acabarían desapareciendo sin mirar atrás. No obstante creo que nunca he sido de mantener relaciones donde no haya una separación saludable. De hecho me gusta que respeten mi espacio y procuro respetar el de los demás.

23. Sensación de estar guardando un terrible secreto; urgencia por revelarlo o temor a revelarlo; certeza de que nadie escucharía o creería; ser generalmente secretiva; sentirte “marcada” (sensación de que llevas escrito el secreto en la frente).


Sí. Incluso cuando no recordaba los ASI tenía la sensación de estar guardando un secreto, pero no sabía cuál. A día de hoy sigo siendo secretiva cuando noto que alguna de mis secuelas me está afectando, incluso con las personas que conocen mi historia y que siempre me han apoyado. De alguna manera y aunque sepa que es absurdo sigo teniendo en mente que si cuento lo que me pasa no me entenderán o pensarán que exagero. 

24. Sensación de estar loca, de ser diferente; te sientes irreal mientras que el resto del mundo te parece real, o viceversa; creas mundos, relaciones o identidades de fantasía (especialmente en las mujeres: imaginar o desear ser hombres, es decir, no una víctima).


Uf... sí a todo. La sensación de estar loca y de ser diferente al resto del mundo me ha acompañado toda la vida, siempre he pensado que estaba tarada y que debía esconderlo a toda costa para evitar quedarme sola. Por otra parte la gente que me rodeaba me parecían personas normales con sus vidas normales, ajenas a mí. Todas ellas juntas, formando un todo, y yo separada. Porque era la rara, la loca, la que estaba marcada, la que llevaba una P de "proscrita" enorme por dentro que si no vigilaba podía hacerse visible en su cara. Y para no sentirme tan sola he imaginado un montón de mundos de fantasía. A veces me creaba un personaje y lo introducía en un relato de ficción que me gustara, otras era un personaje ya existente en el propio relato y me dedicaba a continuar su historia a mi gusto, y otras imaginaba que yo era alguien que vivía en mi ciudad, con otro nombre, otro aspecto y otra historia. Si algo tenían en común mis personajes es que eran felices, inteligentes, guapas, afortunadas y con cierto éxito personal (buenos amigos, un trabajo que les gustaba, una pareja que las respetaba...), todo lo que yo creía no ser ni tener. 

25. Negación: no estar consciente en absoluto; reprimir recuerdos; bloqueo de un período de tu vida temprana (especialmente de uno a 12 años, pero bien podría continuar en la vida adulta), o de una persona o un lugar específicos; fingir; minimizar --“No fue TAN malo”--; tener sueños o recuerdos --“Tal vez es mi imaginación”-- (éstas son, en realidad, escenas retrospectivas, a través de las cuales los recuerdos empiezan a ser recobrados); reacciones negativas fuertes, profundas y aparentemente “inapropiadas” hacia una persona, lugar o suceso; “luzazos” sensoriales (una luz, un lugar, una sensación física) sin ningún sentido de su significado; recordar alrededores pero no el suceso. La recuperación de la memoria puede comenzar con el suceso o la persona ofensora menos amenazante. Es posible que los detalles reales del abuso nunca lleguen a recordarse completamente; sin embargo, sí es posible alcanzar una rehabilitación adecuada sin una total recuperación de la memoria. Tu guía interna liberará los recuerdos a un ritmo que tú puedas manejar. 


Sí. Ya he contado que sufrí amnesia traumática durante más de una década y desde luego tanto antes como después he minimizado mucho tanto mis sentimientos de dolor como los propios hechos relacionados con los abusos. Eran tonterías, nada importante, yo era demasiado sensible y como la vida me había tratado demasiado bien me ponía triste por tonterías, porque no sabía lo que era sufrir de verdad. Y como encima tenía -tengo- lagunas sobre los ASI todavía minimizaba más al no disponer en ese momento de recuerdos concretos a los que aferrarme. 

Sin embargo es curioso como hasta tiempo después no me di cuenta de que había olvidado muchos sucesos de mi infancia que por su duración o por cómo se desarrollaron debería recordar. Por poner un ejemplo: por lo visto mis abuelos tenían un pájaro disecado en la estantería de su comedor. Bien, el animal estuvo allí desde antes de nacer yo hasta que ya tenía unos 12 años, pero el caso es que no recuerdo que en esa estancia hubiera ningún pájaro disecado. Fui a menudo a casa de mis abuelos de pequeña, era común que los viera al menos una vez o dos a la semana, muchas veces estuve en ese comedor... pero cuando mis padres hablaron del pájaro hace pocos meses delante de mí me sentí como si estuvieran hablando de algo ajeno, que nunca había existido. 


Tampoco recuerdo haberme relacionado con determinadas personas que sé que estuvieron en mi vida y a las que vi varias veces pero mi mente ha borrado sus caras y los encuentros con ellas. O determinados lugares a los que sé que fui varias veces. Me acuerdo de que pasaba pero no de los hechos en sí.

26. Problemas sexuales: las relaciones sexuales son “sucias”; aversión a que te toquen, especialmente durante un examen ginecológico; fuerte aversión a (o bien una necesidad de) actos sexuales en particular; sensación de que tu cuerpo te ha traicionado; dificultad para integrar la sexualidad física y las emociones; confusión o traslape de afecto/sexo/dominación/agresión/violencia; necesidad de buscar poder en el terreno sexual, lo cual en realidad es una reactuación, seductividad compulsiva, o ser compulsivamente asexual; necesidad de ser la agresora en la actividad sexual, o no serlo en absoluto; relaciones sexuales impersonales y “promiscuas” con personas extrañas, en combinación con una incapacidad de tenerlas en el contexto de una relación íntima (conflicto entre la actividad sexual y el afecto/amor); prostitución; ser un símbolo sexual o actriz pornográfica, etc. 


He sido muy ambivalente en mi relación con el sexo. Creo que pocas veces he tenido relaciones sexuales sanas, donde tuviera en cuenta mis propias necesidades. De hecho ni siquiera sabía que yo necesitara nada en la cama. Hasta los 21 años me negué a tener cualquier tipo de actividad sexual más allá de los besos, porque me daba pánico pensar que pudieran hacerme daño, forzarme o utilizarme. Me sentía un pedazo de carne y estaba segura de que si me acostaba con alguien estaría reforzando esa creencia: para mí el sexo estaba vetado, las demás podían hacer con sus cuerpos lo que quisieran pero si yo gozaba estaría comportándome como una indecente. 


Luego, de los 21 en adelante, quise romper con esa limitación. Mi deseo era tener una vida sexual sana pero encontré justo lo contrario, porque como en el fondo seguía pensando que el sexo mancharía cualquier cosa buena que hubiera en mi vida busqué tenerlo con desconocidos, y el resultado fue que acabé haciendo cosas que no quería por sentirme presionada. Mi primera relación sexual fue muy dolorosa porque de repente los músculos del suelo pélvico se me contrajeron, provocando que mi vagina se cerrada casi por completo. El hombre con el que estaba (que tendría 30 y pocos años) continuó empujando hasta que logró penetrarme, y cada embestida me lastimó como si me estuviera abriendo con un cuchillo. Recuerdo gritar de dolor varias veces pero sin atreverme a pedirle que parase porque era más fuerte físicamente que yo y tenía miedo de que me violara o me agrediera. Cuando terminó pensé que si me incorporaba me lesionaría. Para mi sorpresa pude levantarme, así que aproveché para irme. No le dije nada, fingí que todo estaba bien porque en aquel momento pensaba que la "rara", la "tarada", a la que le pasaban cosas anormales en la cama era a mí. 


Leyendo lo que acabo de escribir me doy cuenta de que no estaba preparada para tener relaciones sexuales pero en aquel momento yo sólo quería ser una chica como mis amigas, sin traumas que me impidieran acostarme con nadie. Y la historia se repitió porque yo no sabía poner límites y porque me sentía obligada a complacer a mis parejas sexuales, ya que creía inconscientemente que ese era mi deber, lo que se esperaba de mí. Y eso era un caramelito para cualquiera que lo detectara y quisiera aprovecharlo a su favor. Al final, con unos 23 años, decidí que no volvería a acostarme con nadie a menos que saliera con esa persona. Estaba harta de sentirme mal después del sexo y de odiarme por ser sólo un pedazo de carne. En aquella época llegué a tenerme asco por acceder a prácticas que no quería, por dejarme hacer lo que no deseaba, y por seguirle el juego a tipos que 
previamente me había intentado sacar de encima más de una vez sin éxito. Sin embargo ahora comprendo que mi falta de voluntad, mi incapacidad para decir "no" abiertamente, la sensación de que yo debía ocuparme del placer de los demás y olvidar el mío... todo eso era fruto de una secuela.

27. Patrón de relaciones ambivalentes o intensamente conflictivas.


No, de hecho al contrario: siempre he huido de los conflictos. No me gustan, me estresa relacionarme con personas con las que el trato sea a menudo conflictivo, así que procuro evitarlas. Y si tengo conflictos con alguien procuro arreglarlo de la forma más asertiva posible. 

28. Evasión de los espejos, lo cual se asocia a la necesidad de ser invisible, a asuntos relacionados con vergüenza y autoestima y a una percepción distorsionada de la cara o del cuerpo.


Tanto como evasión no, pero hasta el año pasado no me gustaba mirarme al espejo. Me veía fea, desagradable, sucia... yo era una persona que no se merecía ni respirar, así que cuando me ponía frente a un espejo me provocaba rechazo lo que veía. Y durante años me percibí físicamente como un engendro: decir que me creía poco agraciada es poco, ya que estaba convencida de que era tan fea que a las personas con las que hablaba les molestaría a la vista mirarme. O sea que no me observaba en un espejo por gusto, pero si me tocaba hacerlo para lavarme la cara o maquillarme tampoco los evitaba. 

29. Deseo de cambiar tu nombre, a fin de desasociarte de la persona ofensora (si comparten el mismo apellido) o para tomar control etiquetándote a ti misma.


No, no la tengo ni la he tenido. 

30. Tolerancia limitada para la felicidad; alejamiento activo de la felicidad o renuencia a confiar en sentimientos felices.


Sí, me cuesta confiar en sentimientos felices porque temo que sean sólo un espejismo. Desde hace muchos años cuando las cosas me van muy bien pienso que debo estar prevenida por si se tuercen más adelante, con el fin de evitarme sufrimiento. 

31. Aversión a “hacer ruidos” (inclusive durante la actividad sexual, el llanto, la risa u otras funciones corporales); extrema vigilancia verbal (un cuidadoso control sobre tus palabras); voz baja, especialmente cuando necesitas que te escuchen.


Durante años me ha costado horrores hacer ruidos en mi día a día pero ya no hablemos durante el sexo. Las pocas veces que tenía orgasmos con 20 y pocos años procuraba que no se me oyera mucho porque me sentía inapropiada, y además pensaba que llamaría la atención negativamente si era demasiado escandalosa. Por otra parte ahora creo que ya no me pasa pero hace tiempo hablaba en voz tan baja que muchas personas aseguraban no oírme, y desde luego era incapaz de alzar el tono para que me escucharan. Me daba vergüenza, como si yo no tuviera derecho a pedir atención, como si todos fueran a pensar que si intentaba que me escucharan era para darme importancia... así que aún bajaba más la voz.  

32. Trastorno de Personalidad Múltiple (a menudo oculto).


Creo que no lo tengo. 

33. Sensibilidad hacia y/o evasión de la comida basadas en su textura (mayonesa = semen) o su apariencia (salchichas = pene), que podrían hacerte recordar el abuso; olores o sonidos que pudieran recordarte a la persona ofensora; aversión a la carne y a alimentos rojos.


No me gusta mucho comer alimentos líquidos de color blanco pero tampoco me provocan aversión. Simplemente, si puedo los mezclo con otros alimentos y si no me los como tal cual, nunca ha sido un gran problema.

34. Honestidad compulsiva o deshonestidad compulsiva (mentiras).

Hubo una época, desde mi niñez hasta mediados-finales de mi adolescencia, en que contaba mentiras sobre mi vida a personas a las que conocía muy poco, con la finalidad de que me dijeran lo fuerte que era, ya que en mis anécdotas ficticias yo me presentaba como una persona que lo había pasado muy mal pero que había salido adelante. Recuerdo que deseaba que reconocieran mi lucha y mi capacidad de aguante pero nunca entendí muy bien por qué hasta hace muy poco.

35. Vigilancia exagerada en relación al abuso infantil; incapacidad de detectar abuso infantil o evasión de toda conciencia o mención de éste; tendencia a desarrollar relaciones con perpetradores/as de incesto.


No creo haberla tenido. 


36. Hurtos (en personas adultas); iniciar fuegos (en la niñez).


No, nunca he tenido esta secuela.


37. Insomnio.


Sí. Aunque desde bebé me ha costado conciliar el sueño, así que no estoy segura de que se deba a los abusos, pero sí es verdad que de adulta en épocas de estrés, apatía tristeza... me cuesta dormir.